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Idiotes

    Mireu que açò no és propi de mi, que li foten a la politica, que sempre he volgut romandre al marge de tot això. Doncs bé, Ahir de matí em vaig alçar pensant que volia anar-me’n d’aquest pais, siga quin siga en el que estic: vull anar-me’n d’Espanya o del Pais València, com més t’agrade, tant se val, em dona el mateix, que li foten a tot. M’alçat així perquè si, sense motiu aparent, no estava enfadat, senzillament volia anar-me’n. I he començat a interioritzar-ho, a creure que necesite pegar a fugir, com més lluny millor.

    Abans de començar a escriure açò he pres la decisió que tinc tres idiomes. L’anglès per a la música, el castellà per a la literatura i el valencià per a les reivindicacions . Pequè sí, sense més, açò és així i no hi ha més. Hi hauran que dirán que és massa anglicista la meua postura cap a la música, massa espanyolista la meua possició alhora d’escriure i massa catalanista la meua forma de reivindicar-me. Em dona igual, açò és així i no hi ha cap motiu en particular, no hi han motius aparents i ni jo mateix ho sé, però m’agrada fer-ho així, o al meny això vaig a intentar. Si em jutjeu per açò us puc comrendre, però no vaig a canviar-ho: m’agrada la música en anglés, escriure en castellà i queixar-me en valencià.

    Doncs bé, com anava dient, ahir de matí em vaig alçar amb eixa idea al cap, amb eixe objectiu que em va calar fort. M’abellia posar una data de caducitat a la meua estància en aquest emplaçament. I a més, això suposava seleccionar una nova destinació per a la meua persona, a un lloc concret on viure un temps. Havia de fer moltes coses i, en certa manera, deixar enrere eixa por a abandonar-ho tot. A tot açò li anava pegant voltes mentre conduia desde Castelló cap a Torrent, en mig de l’autovia jo anava col·locant-me en diferents països per vore com quedava. Em veia bé a Anglaterra, Alemanya i als Països Nòrdics.

    Després d’arribar a casa, dinar i quedar amb els meus amics per prendre un cafè i contar-los la meua idea, he anat a sopar amb ma mare i després al cinema. La última de Tarantino em pareixía més que una bona opció i més coneguent els gustos de ma mare. Soparem, xerrarem una estona sobre com ens havia anat les nostres respectives setmanes i ens vam dirigir cap a la cua del cinema. I de sobte, una cosa extranya va passar. Ma mare no li va donar quasi importància, no més que un comentari. Però en canvi a mi em va marcar, va ser com si em donara compte de una cosa en la que no havia parat en tot eixe dia interioritzant que me’n anava del pais. ¿Per què em vull anar? I de sobte, en la cua del cine tot el món ho escenifica per a mi, de forma gratuïta, sense haver de pagar una entrada de teatre, gratis, for free, només per a mi.

    Una parella decideix cuar-se de tot el món, decideixen atribuir-se una qualitat superior a la resta, imposar una jerarquia per damunt de la resta. I obviament la resta de la cua es queixa, comença a bramar com borregos que van dins d’un camió en direcció a la mort, queixes insistents, pujades de to que mostren un espectacle vergonyós, lamentable, aberrant. De sobte m’ensenyen l’essència de la raça humana, la idiotessa, de forma pràctica i interpretada d’una forma magistral. Em posse trist.

    I avui vaig a la manifestació de pobressa cero. I la gent es queixa i escoltes coses ben tristes, lamentables, que et fan sentir-te mal, avergonyir-te de la teua estúpida doble moral. I descobreixes que tú no eres millor que eixa gent de la cua del cine, però que al menys ho saps. Eres idiota, Jaume, tan idiota com els demés.

    De sobte, se m’ocurreix la contestació que haguera donat ahir al cinema a tota aquella gent, em ve al cap tot el que els haguera dit. Tot eixe silenci de tristessa, de llàstima, de vergonya.
    Todo ustedes son los que haceis que quiera huir de este país de mierda. Usted, el imbecil que se cola, que se cree superior al resto, usted que impone su comodidad a la del resto, usted maldito conformista que decide convertirse en el centro del universo para imponerse. Y todos ustedes, todos los que le increpan y le insultan, no son mejores que él, son unos imbéciles, que hacen que este mundo sea una mierda. Ustedes sí, los que pueden seguir comiendo mientras ven como en las noticias salen que han vuelto a morir inmigrantes en las costas donde veranean, los que son capaces de votar a un gobierno que se hace llamar progresista y que inventa una ley de inmigración que en realidad es una basura occidental, un eufemismo para seguir condenando al hambre a otros dos tercios del planeta, a un gobierno que reduce las inversiones en I+D, ustedes capitalistas comformistas que no son capaces de salir a la calle para quejaros mientras se atraviesa una de las crisis más duras de la historia, pero en cambio salen a la defensiva cuando alguien se lescuela en el cine, ustedes que tienen la certeza de que sus políticos son unos corruptos y gastan sus impuestos en propaganda televisiva, en canal 9, ustedes que condenan al medio ambiente con cada una de sus acciones, todos, todos ustedes, son imbeciles, son la demostración de que la raza humana es estúpida, son los que hacen de este pais una mierda. Y yo también me incluyo, no crean, pero al menos lo sé, al menos eso.

    Però les paraules van vindre tard i no vaig tindre el valor. I ara no sé si vull fugir, per si em trobe amb una altra banda de idiotes, perquè al cap i a la fí, si hi ha algo del que puc estar segur és de que, com a la mort, estem condemnats a ser imbècils.
    Y empecé a escribir y ya no podía parar. Escribía por la mañana, por la tarde, por las noches. A la hora de la cena, entre clase y clase. Había días que no comía, ni apenas bebía. Mis compañeras de piso estaban asustadas, me decían que tenía que salir a la calle, dar un paseo, que tenía que descansar. Pero no podía, había empezado a escribir y no podía dejarlo. En realidad, no sabía lo que estaba escribiendo. No sabía si era una novela o un ensayo, un artículo de divulgación o unas memorias. Sólo sabía la palabra que estaba escribiendo en cada preciso instante. Pato de goma, pollo, bicicleta, sol, lluvia, nubes, frío, sexo, sueño, vida, él... Así iba creando frases que en mi cabeza tenían sentido. Era todo muy extraño. Llenaba y llenaba folios con palabras que formaban frases sin sentido. Como si de escritura automática se tratara.

    Llené tantas hojas que ya no cabía en mi habitación. Me fui al salón y también acabó rebosando palabras. Mis compañeras no pudieron entrar al piso, la puerta estaba atascada de tantas hojas que habían en el piso. Cocinar se hizo imposible, así que rara vez comía.

    Y así me sentía rebosante, con tantas palabras, con tantas cosas dichas. Dormía entre mis palabras y desayunaba con ellas. Parecía no tener fin ese impulso irrefrenable de escribir palabras.


    Un día me tuve que ir. Mis palabras y yo no cabíamos en ese piso. Construí una casa con aquellos montones de folios. La casa era pequeña, pero dentro de ella estaba en otro mundo, en otra esfera. Era como si al entrar en la casa, entrara también en otra dimensión, en un orden lingüístico perfecto. Lo entendía todo. Y seguía escribiendo: rinoceronte, linterna, autobús, cerilla, caramelo, intransigente.... Y la casa iba creciendo cada día más y más. Y yo cada día era más pequeño, pero a la vez más grande. Añadía habitaciones, incluso hice una casa de papel en un árbol cercano, y unas escaleras que daban a una terraza donde se veían todas las estrellas. Y por la noche le ponía nombre a todas las estrellas.

     Y así es como yo, la persona más pobre del barrio consiguió la casa más grande del pueblo.

Ducha fría

    Me encanta las duchas de agua fría. Como cada uno de tus poros se contrae, la piel se pone de gallina. Me encanta cuando la respiración se entrecorta y no puedes pensar de forma fluida. Me gusta porqué me siento tan vivo que parece que esté a punto de morir, no sé, ya sabes, es difícil de explicar. Como al borde del abismo, a punto de caer.


    No sé, me encanta las duchas de agua fría. Es como cuando estoy contigo.

Realidad

Rayaría un lienzo ahora mismo, pero no sé pintar. Hace ya algún tiempo que desordeno mis ideas y no puedo plasmarlas. Es extraño, pero últimamente me siento esponja, que no sabe qué es lo que absorbe, pero lo absorbe. Paso los días auténticamente desquiciado pensado cómo aclarar todos esos nubarrones que se concentran en mi cabeza. Tal vez no tengo valor para escribir lo que antojo, lo que siento, lo que veo. Quizá no encuentro las palabras para escribir las mentiras a medias, las certezas absolutas que voy sintiendo.

    El mundo se disuelve ante mis ojos a diario, se desvanece, se destiñe. Hoy lo he visto con más claridad, llovía. Todo mi alrededor desfallece y la gente finge no percatarse de este hecho. A veces, hundido en profundas paranoias, creo que todos son actores y que tratan de volverme loco. Al fin y al cabo, siempre he sido actor, siempre me he escondido detrás de personajes que mi mente ha creado para que nadie me conozca. Porque no soporto mi desnudez, mis debilidades. Porque temo a la realidad.

    Nunca he sido vergonzoso, simplemente no me he dejado conocer. He preferido no ser, aparentar. He preferido crear corazas infranqueables que me permitieran ser inmune a la realidad. Así he creado paraísos idílicos y me he desenvuelto con soltura entre las personas.

    Quizá me falte una parte humana, tal vez he sido demasiado actor. Pero no soy un espectáculo digno, ni la gente es espectador. La gente es gente y yo nunca he sabido ver eso. Por eso, ahora que me enfrento a la realidad no encuentro el lado poético, no encuentro la belleza.

    Por eso no plasmo ideas, porqué sólo veo realidad. Y busco desesperadamente algo que no llega. Y pienso en alternativas -pintura, cine, fotografía-. Pero no sé pintar, no puedo filmar y no encuentro qué fotografiar.

    Rayaría un lienzo ahora mismo, pero la realidad no me deja soñar.

Manolo García

Hoy, hoy tengo un plan. Hoy, hoy tengo un plan
Hoy tengo un plan para empezar a vivir,
me digo de nuevo mientras remoloneo.
Sólo cinco minutos, sólo cinco más entre las sábanas.
Hoy tengo un plan, perfecto plan diría yo,
para empezar a asfaltar centímetro a centímetro planetas.
A medias sólo, que las otras mitades
estarán reservadas para los enamorados o para las inmobiliarias.
Hace buen día, es temprano.
Buena ocasión para madrugar y mirar si se tiene a mano
el artilugio de achicar problemas.
Cortina de humo que distraiga de ese gris de la rutina.
Del lastre de la rutina.
Hoy, hoy es un día aparente. Hoy, hoy tengo un plan.
No quiero remolonear entre las sábanas.
Que hoy tengo un plan, perfecto plan diría yo,
para empezar a triunfar.
Voy a ir al restaurante chino de Manolito Chen.
Camino de almorzarnos el domingo.
Hoy podemos ir al cine mudo de los hermanos Marx.
Hoy quiero irme de mi, sentirme solitario.
Que me lleven al zoo y le digan a Copito de Nieve:
"Mira, te presento. Este es el famoso monstruo de las galletas".
Hoy, hoy tengo un plan. Hoy, hoy tengo un plan.
Hoy es un día más que seremos o miraremos
títeres televisivos y que haremos una cínica lista
o estaremos en la cínica lista de los listos.
Mientras suenan las campanas de la catedral (ding dong).
Llamando a las confusas filas para la insurrección.
Hoy, hoy es un dia aparente. Hoy, hoy tengo un plan.
Hoy tengo un plan.
No pienso remolonear entre las sábanas.
Que tengo un plan, perfecto plan diría yo,
para empezar a triunfar.
Hoy es el dia perfecto para hacer carambola,
rizar el rizo o hacer novillos
para ilustrarnos en la enciclopedia de los mas ilustrados.
O mandar a la... a los que nos taladran: ¡compre! ¡compre!
¿Qué pasa si no quiero comprar, sólo cambiar?
¡cambio! ¡cambio!: una bola de cristal por un hueso,
un botijillo de barro pintado por un beso,
en la boca del lobo un clavel por un ramillete de ocas.
Un tapete por un dado (Pollo-pera para la galli-pava).
Hoy, hoy tengo un plan. Hoy, hoy tengo un plan.
Un pedal por un dedal
o por un vado por el que poder cruzar al otro lado.
El silencio de alguien que no quiere hablar,
por un halo de misterio.
El mejor trato por nada, al que no quiere comprar.
¡Al que no quiere comprar déjenle en paz!
Hoy, hoy tengo un plan. Hoy, hoy tengo un plan.
Hoy, hoy tengo un plan.

...

    El otro día estuve cerca del mar, donde mejor se ve el movimiento del mundo. Pude ver el movimiento de las olas, el salitre acumulado entre las rocas, el viento golpeando a mi ya largo pelo. Pero no sentía nada. Alrededor mío, arena, rocas y la infinidad del mar. Pero, aún en ese entorno tan idílico, sentía que me ahogaba.

    Y es que no puedo, no puedes pasarte la vida tirando del mundo. Pesa.  Y yo necesito dejarme llevar, de nuevo, dejar que sea yo el lastre del mundo y no viceversa.  Una persona no puede vivir tirando, eso no es vida.

    Hace poco sentí un poco de vida, un amago de ilusión. Creí ver la magia, de nuevo. Pero no, era una estrella fugaz.

    Yo nunca hablaría así de las estrellas fugaces.
Hubo un tiempo en que podía sentir como el mundo se movía. Ahora tengo que abrir el periódico todos los días.

Reload

   
(Soledad-Jorge Drexler)

      Si hay algo que tiene el tiempo (al menos desde la perspectiva humana), es la subjetividad. El tiempo lo cortamos, diseccionamos, saltamos o pasamos a nuestro libre antojo. Así, a lo largo de nuestra vida nos encontramos con besos infinitos, tardes que se pasan volando tomando café con amigos o salas de espera de un hospital eternas. También nos encontramos retomando historias que sucedieron en otro tiempo como viejas amistades que reprendes pasado un largo viaje o como cuando retomas aquel viejo libro que dejaste a mitad. El tiempo se repite, se estira, se contrae o  paraliza. El tiempo es cualquier cosa menos lo que vemos reflejado en un reloj.

    Últimamente medito sobre mis casi veinte años de tiempo. Pienso en esta oscura, agonizante, asfixiante, desquiciante y odiosa temporada. Pienso que debe acabar, que es hora de que acabe para que el tiempo vuelva a fluir. Pienso que ya es hora de volver a reír de forma estúpida y que se pare el tiempo. Que recorra la ciudad a una velocidad frenética y acabe exhausto, sin saber nada de relojes ni del tiempo. Últimamente pienso tantas cosas. Pero vuelvo a mi oscura, agonizante, asfixiante, desquiciante yo odiosa mazmorra que es el tiempo.

    Me dejé algo detrás, en el tiempo.






Volver

    Mi problema es que me siento frustrado porque escribo historias más interesantes que la mía. No sé si esto se da en otros escritores o es una particularidad de mi perturbado cerebro, pero lo cierto es que cuando acabo de escribir una historia, siento envidia por los personajes. No importa si son felices y comen perdices o si mueren cruelmente asesinados por su pareja.

    Empiezo a pensar que ésta frustración tiene su origen en mi estado actual. Estoy vacío, hueco. Y es el eco de mi vida lo que me asfixia y me lleva a continuos ataques de ansiedad. Por eso fumo de forma desmedida, me muevo constantemente de un lado a otro y no puedo dormirme. Porque no puedo dormirme y consentirme que haya pasado otro día tirado en el sofá, o manteniendo conversaciones banales, o dando otra vuelta estúpida a mi urbanización. Pero al final me lo consiento y me duermo. Al día siguiente me levanto cansado de llevar adelante todo esto. Mi propia apatía me está matando. Me mata proponerme metas y deshacerlas, sustituir a mis amigos por el sofá, cambiar la vida por mi vida. Y es que mi vida no es mía.

    Por eso yo nunca seré el personaje de ninguna novela, película o vida. Nunca tendré esa mirada que convierte a la gente interesante en gente interesante. En todo caso podré llegar a ser el actor que protagonice otra vida, o el escritor que invente una vida ficticia a la que luego envidiar.

    Quizá debería plantearme el reinventar mi vida, reescribirla, darle un giro, un cambio, una inyección de fantasía que me saque de esta realidad insulsa y apática. Tal vez debería esforzarme por salir de ese pozo que habito desde hace seis meses. Salir adelante, la gente lo hace. Debería proponerme convertirme en personaje digno de novela, aunque muera asesinado por mi pareja. Pero no tengo pareja y me da pereza levantarme del sofá y tirar del lastre de mi propia existencia.